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Uno de los grandes olvidados en la premiación del Oscar ha sido Roger Deakins. Para quien no lo sepa, él es uno de los pocos fotógrafos de cine –cinematógrafos– que mantiene una rigurosa fotografía, que sus cánones mezclan una imagen sobria y clásica con uso de claroscuros que cambia en segundos para ser dinámica y bien expuesta según la secuencia requerida; es decir, un hombre que hace posible la famosa frase “la magia del cine”. El maestro Deakins fue olvidado en esta premiación de la industria fílmica estadounidense, a título personal diré que injustamente. Y no es que Lubezky sea malo, todo lo contrario, es solo que había que ser justo y así como a Leo le tocó este año ¿porqué no al maestro Deakins? En fin. El trabajo es una cosa y la gloria es otra,  y a  él,  lo que lo lleva a seguir haciendo películas es el amor al oficio del cine.

Es curioso, puesto que la última película que el maestro Deakins expuso fue ¡Ave, César! dirigida por los Hermanos Cohen (¡maestrazos!) en donde se habla de pasión por el oficio fílm ¡Ave, César! es narrada. Echando mano de todos sus recursos y actores, nuevos y viejos, los Cohen cuentan una historia de pasión en donde todo lo adverso pasa y bajo su visión, o todo es deprimente y sórdido, o paródico y patético.

Hail-Caesar-2016grndejoligudense de mediados de siglo. Pocos han sido los cineastas capaces de contar historias sobre la manufactura cinematográfica, cineastas como Truffaut (La noche americana, 1973),  Bowfinger (Frank Oz, 1999), State & main (David Mamet, 2000) o Tropic thunder (Ben Stiller 2008) tienden a repasar este género en lo complejidad de la hechura cinematográfica. Y aparentemente es algo que a los Cohen les llama la atención, una de sus primeras obras (y la primera en colaboración con Deakins), Barton Fink (1991) explora una faceta del cine en los ojos de un dramaturgo sin ideas y que ocurre muy cercano a las épocas de ¡Ave, Cesar!.

La cinta puede ser lenta a momentos, tratando de cumplir con la forma en que se hacía cine durante el periodo. La broma de situación, a ratos surreal, hace que la cinta sea una buena pieza para quien ya conoce el trabajo de los Cohen muy cercano al tono de Un hombre serio (2009) o menos surreal que El gran Lebowsky. Resulta, a momentos, una cinta personal y es posible que quienes busquen una comedia menos intelectual pierdan el interés, que no está demás advertir que si se quiere explorar esta narrativa sería un buen inicio

. Hail Caesar!¡Ave, cesar! como las películas mencionadas tienen un hilo conductor entre sus premisas: hacer cine requiere de una pasión que no hay en ningún otro oficio. Un fotográfo me dijo una vez que hacer cine es su único amor y que su pareja era una amante, bajo este principio la cinta
los Cohen reafirman dicha sensación, misma que Deakins retoma y la plasma en la cinta.

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