Chuchel: La bola de pelo que te levantará el día [Análisis]

La compañía checa Amanita Design, desarrolladora de títulos independientes tan notables y premiados como aquel excelente Machinarium, despierta de su letargo para traernos hasta nuestros ordenadores Chuchel, un “point and click” muy poco convencional.
De hecho, si me lo permitís, me voy a tomar la licencia de crear un nuevo género para él.

Chuchel es un “point and click and laugh”.

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Y es que ya desde el principio la premisa es tan original como divertida. Encarnamos a una bola de pelo negra que suponemos que se llama Chuchel a quien nada más empezar debemos despertar de un sueño muy profundo. Una vez lo consigamos se dispondrá a desayunar su alimento favorito, la cereza. En este placentero momento una mano negra gigante aparece del cielo y se la roba, partiendo de aquí  su aventura para recuperarla y por consiguiente  acabar en su diminuto aunque insaciable estómago. Vamos, la misma historia que hemos podido ver una u otra vez en tantísimos juegos, pero sustituyendo a la princesa de turno por una dulce y suculenta cereza.

Para ello, recorreremos un total de 30 niveles, presentando cada uno de ellos un pequeño puzzle o reto. Todo representado sin ningún menú, ni interfaz, ni inventarios. Ni siquiera tendremos tutoriales. No le hace falta.

El planteamiento jugable es muy sencillo y se centra básicamente en ir tocando los distintos elementos que tengamos delante hasta dar con la solución del momento. La gracia está en ir probando todas las acciones posibles y que Chuchel nos haga reír con todas y cada una de las situaciones que ocurran en pantalla.

La dificultad de estos puzzles es escasa y no habrá que pensar prácticamente nada. Quizás en un par de ocasiones sí puede servir de algo la lógica, pero la mayoría de situaciones se irán resolviendo solas mientras vamos probando las distintas posibilidades. Si te quedas atascado, y si así lo deseas, Chuchel te dará la solución directa a través de un botón de ayuda, aunque no puedo hacer más que desaconsejarlo. Estropea la experiencia por completo.

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Para darle variedad al gameplay, algunos de estos niveles incorporan minijuegos como un comecocos o mecánicas muy básicas de físicas, plataformeo o esquiva de obstáculos. Al igual que los puzzles, resultan igual de sencillos a la par que entretenidos. Señalar que en algunas de estas variantes podremos utilizar el teclado, ya que el ratón se hace algo tosco en estos momentos.

La duración de cada uno de los niveles es muy variable. Algunos no llegarán al minuto, mientras que otros rebasarán los cinco. La duración total del título oscila las dos horas, y aunque pueda parecer escaso, es suficiente para el tipo de experiencia que nos ofrece. Chuchel está pensado para que lo juegues de una sentada en un día malo en el que no deseas saber nada de este tenebroso mundo en el que vivimos. Y hazme caso, el humor y la alegría que contagia te levantará el día. Los escasos 10 euros que cuesta están más que justificados.

Para fomentar algo la rejugabilidad, se han añadido 7 logros que podemos desbloquear si cumplimos ciertas acciones en determinados niveles. En mi primera pasada he desbloqueado cuatro por lo que resulta evidente que Chuchel esconde algún que otro secreto que en la primera pasada pasará desapercibido.

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El pilar fundamental donde se sustenta el juego es el plano artístico. El mundo que se nos presenta rebosa personalidad por todos los costados. Colorido y alegre a partes iguales y con ciertos toques de psicodelia en el diseño de los distintos personajes que merodean por los distintos niveles y que merece la pena que los descubramos por nosotros mismos. Las distintas animaciones que acompañan a las acciones de los distintos personajes están muy conseguidas y nos sacarán más de una sonrisa. Estéticamente puede recordarnos a las producciones de dibujos animados de hoy día, con una ligera inspiración de la exitosa “Adventure Time”.

El apartado sonoro también acompaña muy bien a toda la experiencia. Los personajes tienen su propio idioma chapurreado (alguna vez he podido oír alguna palabra en inglés) y las melodías resultan muy frescas y originales. También escucharemos alguna reinterpretación de melodías clásicas conocidas por todos y que enseguida identificaremos. En este caso no viene traducido al castellano, pero no le hace falta al no existir texto alguno que leer.

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Es difícil seguir hablando de Chuchel sin estropearos la experiencia. Tiene que ser el propio jugador el que debe ir a por él con la intención de pasar un rato agradable y no atendiendo nada más que a la idea general que os ofrezco en este análisis.

No habéis jugado a nada tan alegre y simpático desde hace tiempo, ni lo volveréis a hacer hasta que la maquinaria creativa de Amanita Design vuelva a ponerse en marcha.

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