desde-argentina-amor-capitulo-2

Con las reuniones de pre-producción realizadas la semana anterior, solamente faltaba ir a la radio y comenzar un sueño. Un día cualquiera para el resto de la gente de la ciudad, pero no para mí. Ese día lo veía todo como aquellos operadores del horas antes del lanzamiento en el centro de control de Houston. En mi mente había un gran reloj puesto en cuenta regresiva, todo giraba entorno al momento del despegue y sobre todo del alunizaje radiofónico de mi Águila one. Éramos 3 también los que despegábamos juntos, como . Uno en la cabina del operador, y los otros dos en el módulo de alunizaje. Mi compañero y amigo Mariano Rodriguez Carbone era el comandante de la misión, con años de experiencia radiofónica y periodística, el operador también tenía amplia experiencia, pero yo era un total y absoluto . Un novato que sin pasar por la academia se lanzaba directamente a la aventura.

Apollo11Diez minutos solamente para el lanzamiento. Diez minutos solamente para salir al aire, para lanzar nuestro mensaje a través de las ondas de radio que se propagarían por la troposfera, la estratosfera, la mesosfera, la ionosfera y finalmente la exosfera, que después saldrían del planeta tierra hacia el espacio, donde continuarían su camino por toda la eternidad.

Diez minutos de nervios, tensión, consejos de último momento. Diez minutos de pensamientos sin sentido y fuera de toda lógica. Diez minutos de retoques, conversaciones con uno mismo, introspección. Diez minutos de espera. Diez minutos.

Finalmente salimos al aire, escuchamos la sintonía del programa y un nudo se me hizo en el estomago que no me dejaba ni hablar. Tenía esa sensación que todo el mundo comenta alguna vez de estar desnudo frente a un auditorio lleno de gente, pero esta vez al no estar de cara al público físicamente mi desnudo era vocal. No podía hablar, no podía articular palabra. Ni siquiera podía decirle a mi compañero que no podía hacerlo. Era mi peor pesadilla, pero por alguna extraña razón, cuando mi compañero Mariano comenzó a hablar sentí el momento que estaba esperando. se estaba cumpliendo. Automáticamente como si lo hubiera hecho millones de veces, cuando mi compañero me miró, hizo un gesto y me dio el pie para que entrara, las palabras salían de mi boca limpias, sin temblores, sin cortes, sin pausas. Por fin estaba al aire y haciendo radio. Por fin estaba donde quería. Por fin ese sueño esquivo e inalcanzable, había sido cazado.

Poco importa ahora de que hablamos en ese primer programa. No lo recuerdo concretamente, aunque los tengo todos guardados a buen recaudo. Hubo noticias, análisis de un juego, diálogos de ida y vuelta entre mi amigo y yo. Recuerdo que Mariano me preguntaba por cada tecnicismo que soltaba al comentar alguna noticia o en el análisis del juego. Esas preguntas servían para que el público menos ducho en esas materias pudiera comprender, con lenguaje menos técnico, todo aquel bombardeo de nombres y terminologías en inglés como , y un sin fin de términos. Solo quedaba terminar la transmisión con un “hasta la semana próxima”, y soltar toda esa adrenalina que me había proporcionado el programa en sus 2 horas de emisión. Temas musicales excelentes y mucho videojuego para el primer programa de este estilo que se hacía en la radio de y de casi todo . Y sobre todo un “algo” que se adueño de mi ser y ya nunca se marcharía. Ese solo te lo podía dar la radio.

Había conseguido lo que más quería, ese anhelo escurridizo que creí imposible. A veces los sueños mas impensables e inalcanzables, por alguna extraña razón o capricho del destino, acaban llegando.

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