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Este es el primer artículo de varios que, a modo de diario o relatos cortos, les contarán las vicisitudes, encuentros, desencuentros y un sin fin de situaciones, que me han acaecido a lo largo de estos años de adaptación a vivir en Argentina y a su peculiar situación en el mundo de los videojuegos. Todo esto desde la mejor de las intenciones, y sobre todo sin querer ofender a nadie. Así pues, comencemos mi pequeña historia.

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Santa Fe Capital, Provincia de Santa Fe, Argentina, 04:50 AM. Tres años, tres meses y 18 días hace que me instalé definitivamente en este hermoso país. Atrás quedaron 32 años de vida en mi tierra natal en Sama de Langreo, Asturias, y amigos de la infancia, momentos dulces y amargos, lanzamientos de videojuegos y consolas que marcaron mi infancia. Atrás quedaron muchos proyectos y sueños, algunos cumplidos y otros no, y atrás quedaron ilusiones y sentimientos que creí quedarían perdidos allí para siempre. Pero por suerte o por capricho del destino pude conseguir mucho de aquello que creí haber perdido gracias a gente maravillosa que me dio la posibilidad de trabajar y aprender con ellos en este increíble mundo del periodismo. A toda esta gente no solo les doy las gracias, si no que se llevan mi eterna gratitud y mi amistad para siempre.

Capítulo 1

IntermedioCorría el mes de julio de 2012 y todavía me estaba aclimatando a la vida en Santa Fe. La noticia, primero en la conferencia de Sony y después en el E3, del lanzamiento en noviembre de la PlayStation 4, comenzó a generarme un desasosiego interior que iba en aumento. Esto era producido tanto por, desde mi punto de vista europeo, la ausencia total de tiendas especializadas en videojuegos tipo Game o Gamestop, como del desorbitado precio que alcanzaban las consolas PS3 y Xbox 360 y sus juegos en los mercados locales, que llegaban fácilmente a doblar el valor de venta de otros países. También me sentía aislado del mundo gamer por no tener un grupo de amigos con que jugar ni hablar de mi pasión. Pero como se dice en Asturias “nunca llovió que no abocanara” o lo que viene a ser que no todo lo malo dura eternamente. Y sucedió, aunque de rebote como casi todo en la vida. Después de participar en el festival de San Patricio con la Banda de Gaitas del Centro Asturiano de Santa Fe, un periodista local le pidió a mi mujer, que es la fundadora de esta banda, una entrevista en una radio local, y como no acompañada por mi, ya que soy de los pocos Asturianos 100% que residen en la provincia. Tras la entrevista nos quedamos charlando con este periodista y por esas casualidades de la vida le comenté mi pequeño problema con la sensación de estar en tierra de nadie con los videojuegos en Santa Fe. Curiosamente él estaba muy interesado en el mundillo gamer y le pregunté si en algún momento hubo programas de radio sobre gaming aquí, a lo que me respondió que no, aunque me dijo que le interesaba hacer algo de ese estilo y que iba a buscar alguna radio que nos diera un espacio para nuestra pasión.

PORTADAA los pocos días, el periodista me llamó y me comentó que había encontrado una radio que por su perfil podría encajar un programa de videojuegos. Solamente tenía que preparar un esquema del programa y presentárselo al dueño de la misma, y con suerte uno de mis sueños podría hacerse realidad. El periodista me consiguió una reunión con el dueño de la Radio y le presenté el formato del programa. La Radio en la que podría comenzar mi viaje a través del maravilloso mundo del periodismo radiofónico no era otra que, ni más ni menos, la Pandora-Vorterix, con todo lo que conllevaba la pertenencia a Vorterix, aunque fuera en Santa Fe Capital. La reunión fue bien, desde un principio la juventud del dueño de la Radio y su gusto por los videojuegos jugaron un papel crucial para mi, pero no más que el que jugó el periodista local con sus consejos y el peso a nivel profesional que tenía en la Radio de Santa Fe. Este periodista desde aquel día sería mi gran compañero de batallas y sensei en esta odisea periodística, y más aún, mi gran amigo Mariano Rodriguez Carbone. Así que después de conseguir un espacio en una de las radios más pujantes de la provincia, mi compañero y yo nos pusimos manos a la obra para el lanzamiento del programa de radio que faltaba en la ciudad.
Varias reuniones de producción en una semana dieron sus frutos. Estructuramos el programa y le dimos forma con el mayor amor e ilusión del mundo. Insert Coin había nacido y tendría que hacer solo la travesía por el desierto en el que se encontraba. Aunque como dijo Kavafis en su poema Ítaca “Lo importante no es siempre el destino, sino el viaje”.

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