Octahedron – Análisis

Algunas artes proclaman que lo primero que uno ve es lo más importante para el desarrollo de esta. Esa misma idea se establece aquí en Octahedron. Este gran indie presenta unos gráficos vibrantes y llamativos que junto a una increíble banda sonora de tipo electrónica crean una ambientación única en todos los sentidos. Pero desmenucemos un poco más que es lo que hace a este título tan especial y atrapante.

Como buen plataformero el juego se basa en dos cosas: saltos y plataformas. Pero aquí somos nosotros los que creamos las plataformas a gusto al igual que su movimiento, en la mayoría de los casos. Podremos crear escalones para ir alcanzando nuevas alturas y correr libremente en horizontal para cruzar espacios entre enemigos y obstáculos. Cada nivel viene con una cantidad especifica de bases para crear entre cada salto hasta que toquemos terreno firme. Explicar esta jugabilidad es esencial para poder entender la esencia de Octahedron, ya que con esto uno puede deslumbrar lo que los próximos párrafos vienen a contar.  

Precisión, esa palabra que muchas veces se pierde al hablar de videojuegos. La capacidad no tan solo para con los controles está perfectamente sincronizada, sino que todos los bordes, golpes o saltos dentro de cada nivel da una satisfacción que permite seguir el juego no importa que tan difícil se establezca. Nuestra capacidad de intento no se va a detener ante controles defectuosos o una mala programación, un punto que realmente que suma a este género.

El arte presentado hace juicio a un desarrollo minucioso y meticuloso. Pero es inevitable hablar del apartado gráfico sin su musicalización, ya que están tan bien establecidos que crean un ambiente artístico único. Sus matices para jugar con luces y fondos y hacerlos parte de la jugabilidad son toques que hacen de la experiencia final más que satisfactoria. Cada nuevo mundo que descubramos ira presentando una estética, mecánica y composición que muta junto a la música para darle más acción o más tensión a cada momento. Pero también lo hacen los colores, los diseños de enemigos y sus tamaños para lograr un juego con escenarios inteligentemente diseñados que ponen a prueba nuestra capacidad de movimiento y reacción. Todo un resultado placentero, desafiante y adictivo. 

En cuanto a complejidad el juego se compone por variaciones a la jugabilidad, dificultades y una progresión que va empujando nuestra capacidad de reacción y de respuesta casi constantemente. Estos cambios son atrapantes y siempre se mantienen frescos para no repetirse o caer en la monotonía. Esto es algo que parece fundamental en este tipo de juegos, pero que no siempre se cumple. Por lo tanto, eso lleva a una re-jugabilidad adictiva y con bastante contenido por desbloquear, todo en un paquete completo y lleno de posibilidades. 

Ya sobre el final solo queda dejar una gran recomendación por el juego. Octahedron es un título que mantiene todos los estándares para su tipo de juego pero que además sabe llevarlos más allá, mostrando algo nuevo y fresco donde realmente termina brillando y demostrando todo lo que tiene para ofrecer. Sin duda este será uno de esos juegos que tanto disfrutare recomendar a lo largo del año. 

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