Owlboy: el mito del antihéroe [Análisis]

Owlboy es uno de los juegos independientes que más ruido han hecho en los últimos años. Aunque se ha hecho de esperar en consolas, ya lo tenemos disponible en las principales plataformas para que todos podamos descubrir las aventuras del joven Otus. Este proyecto, llevado a cabo por el estudio D-Pad, no fue precisamente un camino de rosas. Con un desarrollo tormentoso de 9 años y a punto de ser abandonado, el juego llegó a PC en 2016 con buenas críticas, al nivel de otros indies de ese año como Inside o Stardew Valley.

La historia nos sitúa en un mundo aéreo en el que búhos y humanos conviven en igualdad y se ven amenazados continuamente por unos piratas que pretenden saquear sus ciudades. Nosotros estaremos en la piel de un joven búho llamado Otus que no puede articular palabra . Esto despierta simpatías en muchos de sus vecinos, pero también burlas en otros que al verlo distinto le dejan de lado. Otus se entrena con un maestro que le entrena en las principales capacidades que tiene que tener un búho, siendo la más importante volar. Gracias a una capa especial que nos dará nuestro maestro Otus empezará a volar y aquí comienza nuestra aventura.

La narrativa de este Owlboy es uno de sus puntos más fuertes, ya que al personaje de Otus siempre lo vamos a ver algo indefenso y se va a tener que ayudar del máximo número de secundarios posibles para llevar a cabo con éxito sus objetivos. Es una gran referencia al niño raro y con pocas facultades al que es tan fácil dar de lado. Estos secundarios desprenden una personalidad tremenda, tanto en su diseño artístico como en los diálogos, y van a resultar claves en la historia. Junto con ellos Otus va a plantar cara a los malvados piratas con varios giros de guión que la mayoría de jugadores no esperáis.

Los recursos que vamos a tener para desbaratar los planes de los piratas son pocos en lo que se refiere a Otus. El búho puede volar, hacer un giro con un poder de daño bastante mediocre y puede rodar. ¿Dónde está entonces el poder de este personaje? Aquí es donde Owlboy introduce su mecánica más original, ya que Otus puede agarrar un gran número de cosas del escenario con sus patas, incluidas unas plantas que nos dan vida, cofres y varios amigos que nos acompañarán durante la aventura y con los que podremos disparar y ejercer diferentes ataques para aniquilar enemigos o despejar el escenario. A estos personajes los controlaremos a la vez que volamos con Otus, con lo que hay que acostumbrarse a volar y disparar a la vez, e incluso a cambiar de personaje en medio de una batalla para aprovechar sus distintos poderes. A nuestros compañeros los podremos usar en cualquier momento pulsando un botón debido a un truco narrativo que encaja dudosamente dentro de la historia pero que funciona jugablemente, y eso se agradece durante las 8-9 horas que nos durará el juego. Pero no todo es disparar durante Owlboy, ya que los puzzles, la exploración o las persecuciones y están muy bien repartidas. Es un juego que no deja que te acomodes en ninguna mecánica y va a ir alternando mucho, lo que te da la sensación de que bebe de infinidad de referencias y te sorprende continuamente. Por esto no se puede encajar Owlboy en ningún género en particular, y lo bueno es que ninguno de los que toca se siente un desastre ni que esté puesto por poner. Los puzzles merecen una mención aparte, son muy compactos y nos van a hacer recorrer varias salas interconectadas pero sin tener que retroceder en nuestro camino. El juego siempre va para adelante, dando la posibilidad de explorar más una zona con unos coleccionables en forma de monedas repartidas por los distintos mundos.

El diseño de los escenarios no se puede desvincular de la preciosidad de pixel-art que despliega Owlboy en todo momento. Es verdad que las zonas son demasiado grandes para lo que hay que hacer y se sienten bastante vacías, pero también es cierto que es un goce recorrerlas por el detalle que D-pad estudio ha logrado con el pixel y los cambios de iluminación continuos que nos vamos a encontrar. Estos cambios entre día, atardecer y noche dependen del tiempo que pases en un escenario y no de dónde te encuentres en ese momento. Da una sensación de paso del tiempo muy agradable y preciosa, queriendo quedarte un poco más para ver como es esa ciudad con un cielo plagado de estrellas o con la luz anaranjada del atardecer. Un 10 gráficamente para este juego en sus pretensiones de pixel art, sin miedo a decir que es lo mejor que he visto en este campo gráfico hasta la fecha. Los homenajes a juegos pasados se hacen así, aprovechando las capacidades técnicas del presente y evolucionándolas sin perder la esencia.

A estos escenarios le acompañan una banda sonora notable, con melodías muy épicas en los compases finales de la historia que te van a mantener pegado las últimas dos horas de juego por la tensión que genera y los giros de guión. Los personajes tienen líneas de diálogo con voz, se recurre a los subtítulos en todo momento y aquí Owlboy nos da una traducción íntegra al castellano. Las líneas de diálogo no nos van a llegar a abrumar, sin ser tampoco escasas.

La versión que yo he jugado es la de Nintendo Switch, con ciertos problemas de cierre repentino del juego en varios momentos. Me ha ocurrido en 4 o 5 ocasiones, una de ellas después de acabar con un boss que me costó lo mío. No sé a qué se puede deber estas salidas del juego, pero esperemos que lo arreglen con un parche. Otra crítica que tengo que hacer al juego se centra en los controles, más concretamente en el botón A de la Switch, que sirve para saltar/volar. Si pulsamos una vez este botón Otus salta y si lo pulsamos seguidamente despliega las alas y vuela. Esto no funciona como debiera y, sobre todo al final del juego donde las exigencias de plataformas son más altas, nos va a causar muchos problemas y muertes que no sentiremos como fallo nuestro. Salvo en esta parte final y algunos jefes que nos darán más de un calentamiento de cabeza y del que nos tendremos que aprender sus movimientos, Owlboy es un juego con una facilidad media-baja. Se echa de menos un selector de nivel que suba la exigencia del juego o que nos sirva de aliciente para volver a vivir la magnífica historia de las ciudades flotantes. A pesar de estos fallos la portátil se siente como la consola perfecta para jugarlo y en donde mejor luce su pixel art.

Owlboy triunfa en la mayoría de retos que se propone, con una historia digna de un triple A y con un arte que hace valer cada uno de los 9 años que se ha tirado en desarrollo. La excesiva facilidad en ciertas partes y los fallos en los controles pueden ensuciarle la experiencia a los más exigentes, aunque va a ser imposible encariñarse con Otus, Geddy y los demás personajes acompañándolos a derrotar a los malvados piratas.

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