Shaq-Fu: A Legend Reborn – Análisis

Allá por 1994 la desarrolladora Delphine Software compró a la estrella de la NBA Shaquille O’Neal, por aquel entonces todavía jugando en Orlando Magic, sus derechos de imagen para un videojuego en el que sería un experto de Kung-Fu, y convenció a Electronic Arts para que lo distribuyera en Sega Mega Drive y Super Nintendo. Este juego recibió críticas dispares, pero en su mayoría negativas, haciéndose leyenda con los años y siendo catalogado uno de los peores juegos de la historia.

Siguiendo la estela de esta leyenda, en 2014 los chicos de Big Deez Productions iniciaron un crowdfunding en el que lograron 474.000 dólares y comprometiéndose a realizar una secuela que saliera en todas las plataformas. ¡Y vaya si lo han hecho! Este junio llegaba a nuestras consolas Shaq-Fu: A Legend Reborn para colmarnos de puñetazos y humor negro.

El juego cuenta la historia de un Shaq niño que crece en un pequeño pueblo chino con una misteriosa marca de nacimiento. Ha sido formado en artes marciales y marginado por ser tan alto y diferente al resto de niños del pueblo. El maestro YeYe va a ser su mentor y figura paterna, aunque no va a poder evitar que Shaq se pregunte sobre esa marca de nacimiento y quién es realmente su madre. Un buen día su pueblo es atacado por unas fuerzas diabólicas, las cuales atacan a YeYe y a todos los habitantes. Aquí es cuando Shaq emprende un viaje a lo largo del mundo para derrotar a estos demonios. La historia es ridícula y el juego lo sabe, incluso una de las frases al principio del juego (que rompe constantemente la cuarta pared para dirigirse al jugador) admite que tiene agujeros de guión. Pero ese es uno de los puntos fuertes de Shaq-Fu: A Legend Reborn, que no se toma en ningún momento en serio. Las líneas de diálogo son brutas y rozan el absurdo, lo cual a mí me hace gracia, pero entiendo que no van a ser del gusto de todos los jugadores.

En cuanto a la jugabilidad es un Beat ‘em up clásico con scroll lateral y cientos de enemigos clónicos a los que apalear de diversas formas. Shaq cuenta con una serie de golpes básicos como puñetazos, patadas o lanzamiento de objetos, que se combinan con golpes especiales que podremos ir ejecutando conforme acumulemos energía. En este género de juegos suele ser un rasgo característico la repetición, y en Shaq-Fu hay mucha. Durante 6 mundos vamos a quitarnos enemigos de encima a montones, habiendo 4 o 5 modelos distintos de estos. Estarán los clásicos esbirros, las diablesas con látigo, los enemigos gordos  y los hábiles, que nos lanzarán cosas. La estructura de cada mundo va a ser la misma, añadiendo cada vez más enemigos y combinándolos hasta llegar al jefe final. Los jefes finales son parodias de celebrities americanas como Justin Bieber, llamado en el juego Baby Face, o Paris Hilton entre otros. Los jefes no son demasiado exigentes en ninguna de las tres dificultades de las que disponemos, y el reto va a estar en sacar el máximo de puntos posibles y el mayor número de golpes encadenados en cada fase.

Mientras recorremos estos mundos, entre los que tenemos un pueblo chino, Hollywood, Beverly Hills o una playa repleta de nazis, Shaq y nuestros enemigos van a ir soltando frases con gancho mientras se estrellan en nuestra pantalla debido a una patada o vuelan por los aires. Las frases van desde amenazas directas de Shaq diciendo que “le va a partir la cara” a otras más elaboradas en la que los enemigos cuestionan la procedencia china de Shaq por ser negro y este les responde que “mi familia tiene ascendencia irlandesa, pero eso no creo que importe”. Estas frases y el frenetismo del juego va a ser lo que te mantenga la cabeza alejada de la excesiva repetición en el combate. También los guiños al mundo del jugador de baloncesto son constantes en el juego, como que el objeto que te repone la salud es un Icy-Hot patch, producto real para sanar lesiones que promociona Shaquille O’Neal en televisión.

Los momentos jugables en los que se rompen la monotonía es cuando Shaq se mete dentro de sus trajes especiales. Tenemos el traje de Big Diesel, en el que repartiremos puñetazos a toda velocidad con una armadura metálica y Shaq-tus, en el que el personaje se convierte en un cactus gigante que lanza espinas, también en alusión a otro comercial que protagonizó el jugador. Son momentos en los que en minutos te puedes deshacer de 200 enemigos fácilmente.

Si en el aspecto de la jugabilidad el juego se queda más bien mediocre, el apartado sonoro es una de las cosas que más brilla. Desde el tema del menú principal, una especie de rap noventero que se nos pegará en el primer minuto del juego, hasta las frases del personaje (dobladas por el propio Shaq) o las melodías que acompañan cada frase. El doblaje de las cinemáticas estilo cartoon que vemos entre mundo y mundo y que nos cuentan la historia estarán dobladas magistralmente al inglés con subtítulos en español.

El juego en su conjunto no va a satisfacer a todo el mundo por su sistema de combate tan repetitivo y la falta de modos de juego. No entiendo por qué no existe un modo cooperativo local u online, base de los Beat ‘em up clásicos, que alargarían la vida del juego y aseguraría unas risas con los amigos cuando vengan a casa. La única excusa para acercarse a este juego es que seas un fanático del género o un apasionado del mundo de Shaquille O’Neal. En ese caso vas a disfrutar el juego, el cual te puede durar unas 3-4 horas. No estimula mucho la rejugabilidad, más allá de subir la dificultad, ya que no hay coleccionables o fases secretas que descubrir.

El juego va a contar con un DLC de pago llamado “BarackFu”, que nos va a dejar luchar como el expresidente de los EEUU Barack Obama. Tal como leéis. El juego sigue con su humor gamberro y controlaremos al llamado “Dirty Barry” con su ataque especial “Barack N’Rolla. Este contenido extra va a contar con enemigos como Marine Le Pen (llamada Marine Le Pig), con la cual obtendremos un trofeo al derrotarla llamado “Pulled a Macron”, o Kanye West con el que conseguiremos el trofeo “The Death of Pablo”.

Análisis
  • Shaq-Fu: A Legend Reborn – Análisis
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    El juego en su conjunto no va a satisfacer a todo el mundo por su sistema de combate tan repetitivo y la falta de modos de juego. No entiendo por qué no existe un modo cooperativo local u online, base de los Beat ‘em up clásicos, que alargarían la vida del juego y aseguraría unas risas con los amigos cuando vengan a casa. La única excusa para acercarse a este juego es que seas un fanático del género o un apasionado del mundo de Shaquille O’Neal. En ese caso vas a disfrutar el juego, el cual te puede durar unas 3-4 horas. No estimula mucho la rejugabilidad, más allá de subir la dificultad, ya que no hay coleccionables o fases secretas que descubrir.

    Lo bueno y lo malo

    Todo lo malo tiene algo bueno y todo lo bueno, tiene algo malo.

      • Lo bueno
        • Todos las referencias al mundo de Shaquille O'Neal
        • El humor negro y las frases riéndose de todo
      • Lo Malo
        • La excesiva monotonía de los combates
        • La duración es demasiado corta
        • Poca rejugabilidad
      Análisis Detalles
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