Transference – Análisis

El estudio Ubisoft Montreal, junto con la productora estadounidense SpectreVision (que cuenta entre sus filas con el actor Elijah Wood), lanzan para PC, Xbox One y PS4 (versión analizada) Transference, un “walking simulator” que trata de aportar su granito de arena a la experiencia de realidad virtual que poco a poco va abriéndose paso en el mercado. No obstante, el título también puede ser jugado de manera convencional, sin tener que utilizar las gafas VR. Un hecho que, como veremos, perjudica gravemente al producto final. Transference se ha diseñado para aprovechar las funcionalidades de la realidad virtual, y sin ella, nos quedamos con una experiencia bastante vacía que nos aportará más bien poco.

La campaña de marketing tampoco le ha favorecido. El título se ha vendido con un componente de terror que finalmente no encontramos. Sí, tenemos un ambiente oscuro, opresivo y bastante psicodélico. También te puedes llevar algún ligero susto. Pero no es un título que te provoque el más mínimo miedo. Transference no es más que un thriller psicológico basado en un guion a priori interesante.

Nos situamos en la ciudad de Boston, y en el primer minuto de partida nos adentraremos con una perspectiva en primera persona en la casa de los Hayes, lugar donde ocurren extraños sucesos. Una familia un tanto extraña compuesta por el padre de familia, Raymond Hayes, científico empeñado en la capacidad de nuestro cerebro para ver perspectivas distintas y confluir en distintas dimensiones. Katherine Hayes, mujer de Raymond y una reconocida violonchelista. Y finalmente, Benjamín , el hijo de ambos e interesado por la ciencia y la música a partes iguales.

Pronto caeremos en la cuenta de que no controlamos a un solo personaje, sino que iremos encarnando perspectivas y momentos distintos de cada uno de los integrantes de la familia mientras paseamos por las diversas habitaciones de la casa cogiendo objetos y resolviendo sencillos puzles que nos permitan avanzar en una historia que acabaremos en apenas dos horas y que, además, va perdiendo interés conforme progresemos. El eje central de este tipo de títulos debe ser un trasfondo que te enganche y te mantenga pegado a la pantalla hasta el desenlace final. Por desgracia, en mi caso, no lo consigue. Su conclusión para más inri, es bastante precipitada y deja abierta la interpretación de cada cual en torno a los hechos sucedidos, sin que se nos proporcione unas pistas sólidas para construir una teoría más que aceptable.

En lo jugable, nuestras acciones se limitarán a andar lentamente por los distintos pisos del siniestro hogar (no podemos correr) y examinar todo tipo de objetos (sabremos cuales son por su fuerte brillo). Esto tampoco reviste de un trabajo cuidado ya que en torno al 90 % de los mismos no tienen una utilidad real más allá de darles vueltas en 360 º para observarlos, que no examinarlos. Por ejemplo, podemos encontrar un periódico, pero no será posible abrirlo ni leer su primera página para ponernos en contexto. Tan solo una línea encima del objeto nos dirá “Periódico de Boston” sin aportarnos nada más. Algunas veces el personaje que controlemos soltará alguna frase sobre el elemento que tengamos en nuestras manos, pero no sumará prácticamente nada a la historia.

Por otro lado, sí encontraremos otros objetos más interesantes como los vídeos que funcionan como coleccionable (13 en total) y que nos desbloquearán secuencias protagonizadas por actores reales que podemos reproducir en el menú y que complementan los detalles de esta fallida historia interdimensional.

El avance por la casa únicamente se verá interrumpido por algunos puzles que tendremos que resolver. Generalmente, se basan en la búsqueda de un objeto para utilizarlo en un punto determinado. También hay algún otro más elaborado, como la reproducción de una secuencia en la que tenemos que pulsar en orden unos botones (o también las teclas de un piano). Al final, ni son originales, ni son intuitivos, ni están del todo bien planteados. Si nos atascamos será por no encontrar ese objeto necesario para continuar y que está tan bien escondido en un cajón o por no ver ese cuadro que te indica el orden correcto de la secuencia. Por suerte, y para que no perdamos más tiempo de lo habitual en la resolución de estos enigmas, la exploración por la casa se limita de forma considerable con puertas que no pueden abrirse y con una dirección bastante guiada hacia determinados sitios.

El punto más interesante lo encontramos en el cambio de dimensión que podemos experimentar. Por la casa encontramos diversos interruptores de luz que nos harán cambiar de una perspectiva realista y actual, a otra más psicodélica donde el color rojo es el protagonista. Al pasar de una a otra no solo cambia la ambientación, sino también el contexto temporal, los objetos e incluso las habitaciones. También influirá en la resolución de algún puzle más interesante. Sin embargo, y aunque este este elemento está bastante presente, en el fondo se siente algo desaprovechado. El concepto es bueno, la ejecución no tanto.

La ambientación de la casa sí es salvable. Cuenta con unos entornos bastante opresivos y con multitud de detalles que nos detendremos a observar, otorgando al final al producto cierta personalidad. En el apartado técnico no nos encontramos ante ningún portento, pero funciona correctamente. El plano sonoro también acompaña a la experiencia correctamente, contando con un doblaje al inglés, aunque con subtítulos en castellano que, por cierto, no vienen activados de serie.

Aunque para el presente análisis no se ha contado con gafas VR, sí tuve la oportunidad de probar el título con unas Oculus Rift en la Gamescom 2018 y las sensaciones, sin ninguna duda, fueron mucho mejores. Tal como dije al comenzar al escribir estas líneas, Transference únicamente funciona como producto de realidad virtual. Su inmersión tanto en el plano visual como en el sonoro es bastante buena y lo jugable se convierte en algo más atractivo al interactuar directamente con nuestras manos con los objetos que encontremos.

Se recomienda jugarlo sentado, moviendo a nuestro personaje con el stick del mando izquierdo y girando tan solo 180 º nuestra cabeza para observar los alrededores. Con el stick del mando derecho podemos mover la cámara 45º grados, lo que permite observar todo el entorno sin necesidad de tener que movernos y girarnos demasiado. Una medida para evitar el mareo con la que a día de hoy lucha este tipo de experiencias.

En definitiva, Trasnference es un producto que, si bien resulta aceptable como experiencia VR, fracasa estrepitosamente en su vertiente tradicional. Su historia no presenta un desarrollo (ni un final) digno de recordar. La exploración no resulta interesante. Sus puzles no encajan correctamente. La duración es extremadamente limitada, y su rejugabilidad nula. Únicamente podemos rescatar la ambientación, que, en ningún caso, justifica una compra bastante cara. 

Análisis
  • Transference
    IntrascendenteVeredicto

    Trasnference es un producto que, si bien resulta aceptable como experiencia VR, fracasa estrepitosamente en su vertiente tradicional. Su historia no presenta un desarrollo (ni un final) digno de recordar. La exploración no resulta interesante. Sus puzles no encajan correctamente. La duración es extremadamente limitada, y su rejugabilidad nula. Únicamente podemos rescatar la ambientación, que, en ningún caso, justifica una compra bastante cara. 

    Lo bueno y lo malo
      • Lo bueno
        • Como experiencia VR, funciona.
        • La ambientación de la casa está conseguida.
        • Una alternativa nueva
      • Lo malo
        • Sin VR, pierde enteros
        • La historia no se desarrolla ni se resuelve como debería
        • Fallido planteamiento en los puzles.
        • El recurso de cambio de dimensión, desaprovechado.
        • Duración extremadamente escasa / nula rejugabilidad
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