Mulaka: Espíritu noventero – Análisis

Hace ya un par de años desde que el estudio mexicano “Lienzo Games” anunciara una campaña de financiación a través de Kickstarter para llevar a cabo el desarrollo de “Mulaka: Origins Tribes”, un videojuego de aventuras basado en la mitología Tarahumara. Aquella recaudación no llegó a buen puerto, consiguiéndose únicamente el 14 % de la cifra objetivo. Tras un parón, y bajando las pretensiones, la desarrolladora encontró los recursos necesarios para acabar el proyecto y traernos hasta hoy en formato multiplataforma “Mulaka”.

La historia nos sitúa en los orígenes de los Tarahumara, comunidad indígena situada en el norte de México con reconocidas aptitudes atléticas y con firmes creencias en que cada cierto tiempo la Diosa “Onorúame” debe exterminar el mundo y empezar de cero la creación sobre la Tierra cuando el ser humano es corrompido por la avaricia y las ansias de poder.

En este contexto encarnamos a Mulaka, un chamán espiritual que está convencido de que esta corrupción ha sido provocada por el demonio Terégori, iniciando un viaje espiritual para encontrar el apoyo de los semidioses que le permitan acabar con el diablo y evitar, de esta manera, el fin del mundo.

Todo se nos cuenta con cinemáticas en forma de ilustraciones y aunque no encontraremos en todo esto nada memorable, se agradece el empeño en contarnos algo que nunca ha sido abordado en un videojuego.

El planteamiento jugable es el de una aventura en tres dimensiones en el que se mezclan de forma básica los géneros de exploración, plataformas, resolución de puzles y “hack and slash”. En este sentido recuerda a aquellas aventuras tridimensionales noventeras de PSX como podría ser “Spyro The Dragon”.
La mezcla de géneros resulta acertada y hace que nunca te aburras ya que se van intercalando con bastante acierto.

En lo que se refiere a la exploración, Mulaka presenta 8 niveles con escenarios relativamente abiertos en los que para pasar de uno a otro debemos acabar con el jefe de la zona. Para ello será necesario buscar previamente 3 piedras ancestrales que nos abrirá la puerta necesaria para enfrentar al mismo. Para no perdernos por los amplios, aunque lineales escenarios, podemos hacer uso de la “vista espiritual” que señalará la localización de estas piedras, así como los coleccionables en forma de tesoros que nos dará “kórina”, puntos de experiencia que podremos utilizar para mejorar los parámetros de Mulaka como mayor resistencia a los golpes, mayor daño o una recuperación más rápida de la magia. A la vez, esta servirá para utilizar las distintas habilidades en forma de transformaciones que nos darán los semidioses a lo largo de la aventura.

Conforme avancemos podremos transformarnos en pájaro que nos permite sobrevolar los cielos para llegar a sitios que de otra forma resultarían inaccesibles, oso para destrozar rocas que nos impidan el paso, leopardo imprescindible para escalar montañas y serpiente pasar a través del agua y que además congela ciertos elementos del escenario.
La introducción de estas transformaciones da variedad a la exploración ya que no podremos acceder a ciertas zonas hasta que no consigamos al animal correspondiente. Además esto invita a la rejugabilidad al volver sobre nuestros pasos para coger aquel tesoro de “kórina” al que no pudimos acceder por estar en una montaña que no podíamos escalar en nuestra forma humana. Destacar la forma de pájaro, que nos presentará el mayor reto del juego en un segmento en que debemos demostrar volando nuestras habilidades al mando.


También se nos presenta algún momento de plataformeo y algún que otro puzle, aunque estos últimos resultan tan sencillos que al final su presencia es anecdótica.
En cuanto al combate, Mulaka dispone de una lanza para acabar con sus enemigos. Contamos con un botón de ataque ligero y otro para golpes más fuertes, y aunque se puede efectuar algún combo sencillo, la realidad es que acabaremos machacando uno de los dos botones de forma continua. Esto se completa con un ataque especial en forma de “ultimate”, un botón de esquiva y otro para lanzar la lanza. Resulta un sistema extremadamente simple, aunque se ve compensada por la variedad de enemigos que podemos encontrar. Hay un total de 19 y cada uno de ellos presentan  debilidades únicas que debemos utilizar para acabar con ellos. Por poner unos ejemplos, hay enemigos con escudos que solo podremos hacer daño si le rompemos la guardia con el ataque fuerte, otros vuelan y solo podremos matarlos si le derribamos previamente lanzándoles la lanza, mientras que otros permanecerán invisibles y serán invulnerables hasta que no utilicemos la “visión espiritual”. Todos estos enemigos están inspirados en la mitología de los Tarahumara y encontraremos desde insignificantes escorpiones, pasando por insectos con forma humanoide hasta grandes golems de piedra.

El sistema de combate presenta dos ligeros problemas. El primero, no existe fijación de objetivo lo que hará que más de una vez demos golpes al aire. El segundo, pronto pasará a un segundo plano ya que, aunque encontremos enemigos dispersos por los escenarios, al final solo nos enfrentaremos a ellos en las zonas en las que el juego nos obliga a combatir contra los mismos. Sí merece destacar de este conjunto los jefes finales (un total de 7) que presentan sus propios patrones y mecánicas para derrotarlos.


Por el escenario podemos recoger plantas que nos permite elaborar 4 tipo de pociones (nada de “crafteo” elaborado) que sirven tanto para la exploración como para el combate. Una para restaurar nuestra vida, otra que funciona como bombas, una tercera que nos genera un escudo protector y finalmente una que aumenta nuestro daño en combate. Toda esta mezcla de géneros crea una experiencia que, sin innovar en absolutamente nada, sí que resulta entretenida durante las 7 horas que nos tendrá delante de la pantalla (algo más si cogemos el 100 % de los tesoros de “kórina”).

En cuanto al apartado técnico, destaca la originalidad de “Lienzo Games” al traernos un estilo “cartoon” utilizando una cantidad baja de polígonos (una técnica de diseño gráfico conocida como “low poly”). Es un estilo artístico que algunos calificarán de pobre mientras que a otros (como a mí) gustará. El diseño de los enemigos sin ser sobresalientes es correcto, mientras que el de los escenarios (mayormente desérticos) sí pueden sentirse extremadamente simples en algunas localizaciones. Guste más o menos, lo cierto es que es un estilo único y que resulta bonito de ver.

En lo que se refiere a su rendimiento técnico, lo único negativo que se puede decir es la presencia de un bug que por un mal salto te hará caer hasta el infinito durante unos segundos para luego volverte a poner en mismo punto donde iniciaste el salto. Únicamente me ocurrió un par de veces. Nada grave.

La BSO viene representada por melodías tribales donde predomina la percusión. Encaja muy bien con la ambientación del juego y resulta además variada y agradable de oír. Los efectos de sonido sin embargo cumplen sin más, sin nada destacable, aunque tampoco reprochable. Las pocas voces que oiremos serán en el propio lenguaje indígena de la tribu. El juego llega además traducido al castellano.

Si te gusta su estética, los 19,99 € que valen están más que justificados. Si por el contrario no te convence, únicamente te ofrecerá una aventura que, aunque variada resulta bastante simple.

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