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Cada cierto tiempo, volvemos a caer en brazos de nuestros primeros amores, aquellos que nos iniciaron en la aventurada senda de ser gamer, para revivir viejas sensaciones e historias. Todos sabemos que donde hubo fuego, cenizas quedan, y el Commandos tiene muchas situaciones en las que, realmente, te incendiás.

“¡Por fin un poco de acción!” decía el marine cuando decidíamos hacer ese movimiento estratégico que nos llevaría a la gloriosa pantalla de ascenso. O al fracaso de ver acribillados a nuestro selecto grupo de militares.

Para los corazones jóvenes cabe destacar que esta joya es una producción, en parte española, del año 1998 y que corría en Windows 95. Parece que pasaron siglos de esto y seguramente deben imaginarse unos cuantos píxeles que ni se aproximan a conformar

Si aún hoy sigue viéndose y escuchándose genial, ¿se imaginan lo que provocó en ese momento?

Tenía diez años cuando vi a mi padre jugarlo por primera vez. Hacía bastante que yo jugaba videojuegos, por lo que me considero una afortunada, ya que era poco usual tener una computadora personal en los años noventa.

Lo veía tan compenetrado que le pedí que me enseñara y me dejara jugarlo; mis partidas duraban pocos minutos porque no entendía de estrategias, mandaba a mi querido Boina Verde contra los soldados alemanes cual kamikaze y el resultado siempre era el peor.

Algunos niveles eran prácticamente imposibles. Hasta el momento, la táctica más eficiente era el guardado rápido por, prácticamente, cada movimiento o segundo que pasara. Pero no contento con eso, mi viejo no tardó en averiguar que existían ciertos truquitos para facilitar el camino y lograr la victoria: mi salvación, ya que podías asegurarte inmortalidad y munición infinita para darles una grata sorpresa a los nazis.

Amaba ponerme en el papel de una gran estratega del ejército norteamericano, sobre todo, cuando lograbas infiltrarte con el Espía gracias a un traje alemán colgado por ahí. Segunda Guerra Mundial, con esa voz española que relataba con  dramatismo los sucesos, y la carga emotiva definitiva era su música instrumental que te calaba profundo para convertirte en un verdadero comando. Fue gracias a este clásico que nació en mí, la pasión por los escenarios bélicos ambientados en este proceso histórico que tanto ha alimentado a las industrias del cine y de los videojuegos. Durante años escuché en boca de adultos, que los videojuegos no servían para nada, que eran una pérdida de tiempo. Mi profesor de historia contemporánea no me regaló ese 10, señores.

Para aquellos interesados en revivir su infancia o para los curiosos que no lo conocían, Steam ofrece por un módico precio este clásico para que puedan tenerlo en su colección, pero es necesario aclarar que se detectaron bastantes dificultades para instalarlo en sistemas operativos muy nuevos, sobre todo Windows 7 (64 bits), ya que no se empeñaron demasiado en que sea compatible o mejorar su calidad de gráficos como lo han hecho en otros casos.

Una última confesión: la cinemática final me hizo llorar de emoción, a los diez años… y ahora también.

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